Jacques, bajaba paseando por el Paseo de Gracia, de Barcelona, iba solo, metido en sus más profundos pensamientos. Atravesó la Plaza de Cataluña, y siguió por Las Ramblas, era un poco más de las diez de la noche y había poca gente. Se metió por una calle a la derecha, que parecía más animada y encontró un sitio, cerrado, con portero, donde podía estar tomando algo. Sin saber muy bien por qué entró. Había poca gente. Se sentó en un taburete en la barra. No le atendía nadie. El camarero estaba hablando y riendo con unos clientes. Sacó su móvil y se puso a mirarlo.
Los clientes del otro lado de la barra, se sentaron y el camarero vino a ver que quería. Jacques, no hablaba español. Así que el camarero le preguntó en inglés:
-Vienes tú solo?, le preguntó.-
-Sí. Estoy solo.-
-Esperas a alguien?
-No.-
-Y, por qué estás sólo?
El camarero era un chico alto, moreno, con camiseta de tirantes.- Y sacando dos vasos y una botella, los puso sobre el mostrador y le dijo que ya no estaba solo. Se salió de la barra y se sentó a su lado, poniéndole el brazo por el hombro. Le volvió a preguntar, porqué venía solo.
Jacques le contestó.
-La semana pasada rompimos mi pareja y yo. Así que, cogí un avión y me vine aquí. No conozco a nadie en Barcelona.
-Pues ya no estás solo, le dijo el barman.
Jacques era un chico jovencito, llevaba una camisa con varios botones desabrochados, y la llevaba fuera del pantalón.
El camarero se tomó más confianzas y empezó acariciándole por la espalda. Como el chico no decía nada, seguía callado, el camarero, le desabrochó dos botones de la camisa. Y le gustó lo que veía.- Le abrió la camisa y empezó a acariciarle y a besarle en la boca. Como Jacques le correspondía, le preguntó si quería ir a otro sitio.
Bajaron al almacén y el camarero, se quitó la camiseta y empezó a besarle fuertemente en la boca, mientras le quitaba la camisa.
Estuvieron rozándose mutuamente hasta que el camarero, le cogió la polla a través del pantalón y notó que el joven estaba empalmado.
Le bajó el pantalón y cogiendo su polla, empezó a comérsela, mientras el chico, disfrutaba el encuentro. De vez en cuando, paraba y se comían la boca apasionadamente.
El camarero, se bajó los pantalones y le metió la boca en su miembro. Un buen rato de disfrutar el momento, cuando el camarero, le colocó sobre la mesa y metió su polla en su agujero. Sin dejar de besarse, estuvieron follando, no se cuanto. Después fue el turno de Jacques. Fue intenso pero corto, ya que empezaron a llamar al camarero desde arriba. Se vistió, y subió guiñándole el ojo. Jacques se vistió también, y se volvió a poner en la barra, a tomarse su bebida.-
-Gracias, le dijo Jacques.-
-Ya no estás sólo, le dijo el camarero.